“Cuerpo”
(Crónicas de una trabajadora que hace bastante lo es, pero no tanto que lo sabe)
Cuerpo deseante
Hace algunos años, no más de 3 ni menos de 2, una serie de contingencias confluyeron para que me encuentre con algo de mi deseo que desconocía y otra cosa comenzó a escribirse. Frente a eso, decidí no retroceder.
Mi gusto por el psicoanálisis empezó a enlazarse a otro, nuevo: el interés político.
Acababa de ser madre de mi tercer hijo, pero dos tetas llenas de leche no eran suficiente alimento para tres. Y a la vez sabía, que aunque deseaba mucho ser madre, esto no recubriría el hecho de que soy una mujer. Fui madre nutricia y mujer deseante.
En ese entonces, realizábamos asambleas permanentes en el Consejo de la Mujer, con cortes de calle, exigiendo que 70 mujeres conserváramos nuestros puestos de trabajo. Logramos ser transferidas conservando la especificidad de nuestra tarea y nuestros derechos adquiridos.
A los pocos meses, fui elegida delegada por mis compañeras.
Cuerpo maníaco
Nuevos significantes comenzaron a ser parte de mi discurso cotidiano:militancia, patria, sindicalismo, conciencia y solidaridad de clase, derechos, asamblea, huelga.
Me acerqué a los feminismos y comencé a esforzarme por utilizar un lenguaje más inclusivo, aunque orientada por el psicoanálisis lacaniano haya aprendido que “La” Mujer no existe.
Entre compañeres, hice nueves amigues que se volvieron incondicionales. Marché con elles y con mis hijes. Marché mucho. Entonces mis hijes se convirtieron elles también en mis compañeres.
En esos momentos padecí y enfrenté verdaderas injusticias. No sola. Estaba mi familia, la chica y la grande, padeciendo y enfrentando conmigo. En distintas circunstancias pedí y tomé la palabra. Me hice oír. Volví a creer en el Otro y en mí. Me desilusioné y me volví a ilusionar.
Trabajé mucho. Muchísimo. Con el traslado del equipo al Polo de la Mujer, la demanda que recibíamos se triplicó y el recurso humano disminuyó. Allí me encontré con compañeras que llevaban adelante un plan de lucha, sosteniendo asambleas de trabajadoras con periodicidad.
Me acerqué al gremio, y rápidamente lo sentí como un lugar de pertenencia.
Milité.
Estudié. Continué con mi formación. Escribí y presenté trabajos y casos en jornadas.
Hice una columna semanal en una radio.
Me tatué. Mi cabello tuvo diferentes y divertidos colores (aun los tiene).
Hasta me casé. Y seguí cuidando y criando a mis tres pequeñes hijes.
Anduve rápido, muy rápido. No sabía hacerlo de otra manera. Asumí riesgos. Gusto de la velocidad y de las cornisas. Y negar maniacamente la realidad me salvaba quizá de angustiarme.
Cuerpo estallado
Este Marzo me encontró junto a mis compañeras trabajadoras del Equipo de Atención a Víctimas de Delitos Sexuales nuevamente sosteniendo asambleas por turnos. Llevamos 10 años en promedio siendo trabajadoras precarizadas del y por el Estado Provincial. Y somos el único equipo especializado en la provincia que realiza nuestra labor. Exigimos el pase a planta permanente.
En la quinta semana de medida de fuerza, un insoportable dolor abdominal me invadió. Debieron someterme a una cirugía mayor, de urgencia. Aun bajo los efectos de la anestesia pregunté si estaba viva, y dije que estaba cansada de luchar. Aun no tengo claro a que lucha me refería.
Dada mi condición de precarización laboral y como contratada, debí regresar al trabajo antes de concluir mi total recuperación.
De todas maneras, deseaba volver. Quería encontrarme con mis compañeras. Que todo un equipo sostenga una medida de fuerza, aún bajo amenazas de despidos e intimidaciones, soslaya y minimiza las diferencias, las hace más tolerables. Y cuando mi cuerpo está estallado, ellas me hacen cuerpo.
Cuerpo viviente
El trabajo, ser una trabajadora, trabajar con otres, sentirme perteneciente a una clase, encontrarme con compañeres solidaries, luchar con elles por lo que es justo, ejercer nuestros derechos, denunciar la violencia institucional y la precarización laboral, conseguir mejores condiciones de trabajo para otres o para mí, corroborar que en la unidad de acción y lucha está nuestra posibilidad de hacer otra cosa frente a la clase que nos oprime; me vivifica, relanza mi deseo.
Fue necesario introducir una pausa y hacer lugar a la angustia.
Sin embargo, estoy viva.
María Belén Valletto (Trabajadora Estatal Ministerio de Justicia y DDHH) - Ciudad de Córdoba
Expreso el Jurado:
Muy buena historia que narra las “transformaciones” de los cuerpos (el cuerpo de la protagonista y ese otro “cuerpo” entendido como conjunto de sujetos “ligados” alrededor de un trabajo) por las vivencias e historias que se van configurando en relación al trabajo, a los lugares que vamos ocupando, a cómo ese cuerpo en otro cuerpo nos va violentando, modificando, transformando. Cuerpo “deseante”, “maníaco”, “viviente”, cada cual con lo suyo y, a su vez, imbricándose unes a otres.